Origen de la Advocación

Para hablar de la Virgen de Valme debemos remontarnos, según una antigua tradición, al año 1248, cuando el rey Fernando III reconquista Sevilla. Tal y como recogen algunos autores - entre otros, Diego Ortiz de Zúñiga y Fernán Caballero (Cecilia Böhl de Faber)-, viendo el Santo Rey la dificultad de tomar la capital hispalense y el abatimiento de sus tropas invocó, en el Cerro de Cuartos, a una imagen de la Virgen que llevaba consigo: "¡Váleme, Señora, que si te dignas hacerlo, en este lugar te labraré una capilla, en la que a tus pies depositaré como ofrenda, el pendón que a los enemigos de España y de nuestra Santa Fe conquiste!". La tradición añade que, entonces, ordenó al maestre de Santiago, Pelay Pérez Correa, que clavara su espada en el suelo, brotando al momento un manantial -la "Fuente del Rey"- que sirvió para calmar la sed de los soldados cristianos.

Una vez conquistada Sevilla, el monarca cumplió su promesa y construyó una ermita en el lugar mencionado, donde entronizó la imagen a la que había invocado y, a sus pies, el pendón arrebatado a los musulmanes. La ermita se convirtió pronto en lugar de peregrinaje para campesinos y aldeanos de las zonas más cercanas. Ya en 1628 consta la existencia de una hermandad, establecida en la capilla para rendir culto a la Señora. En aquella época la fiesta de la Virgen se celebraba el segundo día de Pascua de Pentecostés y hasta allí se trasladaban vecinos de toda la comarca. Pero la devoción a Santa María de Valme arraigó especialmente en el pueblo de Dos Hermanas, lugar al que pertenecía el Cortijo de Cuartos. Así, la imagen se llevaba en procesión de rogativas hasta la iglesia para implorar el auxilio divino si ocurría alguna catástrofe o calamidad.

Sin lugar a dudas, el siglo XIX fue el más decisivo para la historia de la Virgen de Valme. En 1800 la imagen fue trasladada a la parroquia de Dos Hermanas debido a una epidemia de fiebre amarilla. Allí quedó expuesta a la veneración de los fieles de forma estable. Este hecho provocó el abandono de la antigua Ermita de Cuartos.

La historia de la imagen fue conocida por la novelista Cecilia Böhl de Faber ("Fernán Caballero") y la incluyó en su novela "La familia de Alvareda" (1856), ambientada en Dos Hermanas. Los Duques de Montpensier, que entonces vivían en Sevilla, leyeron la obra y supieron del estado de abandono tanto de la Ermita de Valme como del pendón ofrecido a la Virgen por San Fernando. Por ello, determinaron restaurar este último y lo restituyeron solemnemente a la iglesia de Dos Hermanas el 1 de mayo de 1857. Dos años después llevaron a cabo, también, la reedificación de la capilla, inaugurada el 9 de octubre de 1859. Desde esta fecha, la Virgen de Valme permaneció de nuevo en su antigua ermita ya restaurada, pero era tal la devoción que le profesaban los vecinos de Dos Hermanas que, en 1869, se acordó que la imagen permaneciera definitivamente en la capilla sacramental de la parroquia de la villa, donde hoy sigue siendo venerada.

En el año 1870 se reorganizó la hermandad y, gracias al impulso de los miembros de esta y del poeta José Lamarque de Novoa, se decidió realizar, anualmente, una romería otoñal a la ermita de la Señora. De esta forma, el 28 de octubre de 1894 tuvo lugar la primera Romería de Valme, en la que la Virgen fue llevada en una carreta de flores hasta su antigua capilla de Cuartos. Esta fiesta continuó hasta el año 1899 y, tras quince años suspendida, se reanudó en 1916. A partir de entonces se ha venido celebrando todos los años salvo en el primer bienio de la Segunda República (1931-1933) y durante la Guerra Civil (1936-1938). En las últimas décadas la Romería ha adquirido un gran auge, sobre todo desde la Coronación Canónica de la Virgen en 1973, hasta el punto de ser una de las más importantes de Andalucía; por ello, fue declarada fiesta de interés turístico nacional en junio de 1976. Actualmente, se celebra cada tercer domingo de octubre tras una semana de actos y cultos preparatorios (función principal, pregón, quinario, ofrendas y besamanos).

La Virgen de Valme es, sin duda, la imagen más venerada en Dos Hermanas, y posee los títulos de Protectora de la ciudad (1897) y Patrona de su Excmo. Ayuntamiento (1965). Además, en 1995, el Consistorio nazareno le concedió la Primera Medalla de Oro de la Ciudad de Dos Hermanas, que le fue impuesta por el alcalde, Francisco Toscano Sánchez, en la tarde del 14 de octubre, víspera de la Romería.