Coronación Canónica

La Coronación de la Virgen de Valme no fue solo el acto celebrado en la tarde el 23 de junio de 1973, sino todo un proceso que arranca del año 1942, cuando en la hermandad se planteó por primera vez la Coronación de la imagen. Por ello, es necesario esbozar, al menos, los diversos períodos por los que atravesó la anhelada idea de coronar a la Virgen de Valme.

En primer lugar, debemos considerar los años 1942 a 1959. En este período, el tema de la Coronación se planteó varias veces, pero, solo a partir de 1952 y hasta 1954, se aprecia un intento serio por culminar el proyecto. Durante estos años, los principales impulsores de la Coronación fueron la camarera, Elvira Mantilla, que solicitó la Coronación en 1947, y José Sebastián y Bandarán, que lanzó abiertamente la propuesta en Dos Hermanas durante la clausura de la Asamblea Eucarística Diocesana, el día 5 de julio de 1952. La petición de este sacerdote fue rápidamente recogida y difundida por el periódico Adelante, órgano local de la Acción Católica, y por el corresponsal nazareno en la prensa sevillana, José García López («Rivitas»). Todo ello motivó que una comisión de la Hermandad de Valme se entrevistara, en septiembre de 1952, con el cardenal Segura para solicitar el inicio de los trámites oportunos. Sin embargo, a pesar de todos estos intentos, las gestiones quedaron paralizadas pocos meses después, y, solo en 1954, Año Mariano, volvió a plantearse el asunto, pero de forma débil.

A partir de 1955, solo Adelante mantuvo vivo el proyecto de la Coronación. Por ello, la desaparición de este periódico en agosto de 1959 provocó un abandono total de la iniciativa. Y, además, la hermandad atravesaba un momento difícil: por un lado, a los cabildos asistía un escaso número de hermanos, lo que hizo que, incluso, se planteara la suspensión de la Romería. De otro lado, existía un problema económico que se pudo solucionar a principios de los 60.

Ante esta situación, no debe sorprendernos que la Coronación de la Virgen se viera, en estos años, como algo utópico y de muy difícil realización. Hasta que, en febrero de 1964, cuando tomó posesión de la alcaldía de Dos Hermanas Antonio Muñoz Rivero, comenzara un período de auge en la devoción a la Virgen de Valme. Así, por iniciativa del nuevo alcalde, se acordó, y en los años siguientes se consiguió: nombrar Patrona del Excmo. Ayuntamiento a la Virgen de Valme (1965), donar unas coronas a la imagen (1966) y erigirle un monumento (1970).

La hermandad, por su parte, inició una amplia renovación, de la mano de una nueva junta de gobierno, elegida a finales de 1967, a cuya cabeza se encontraba, como hermano mayor, Manuel Moreno Pérez. Entre las primeras propuestas que debatió la nueva junta se encontraba la Coronación, idea retomada, en parte, gracias a la citada labor del Ayuntamiento nazareno y, también, a la amplia difusión que dio al proyecto la revista Romería de Valme, dirigida por Salvador Arribas.

Y, por fin, después de tantos años, la hermandad decidió iniciar formalmente los trámites para conseguir la Coronación. Así, en febrero de 1970, se celebraron reuniones con el alcalde y el párroco para darles a conocer la propuesta y nombrar las comisiones encargadas de culminar el ansiado proyecto. Poco después, el cardenal Bueno Monreal dio también su apoyo.

Durante casi un año se recabó la adhesión de las instituciones, corporaciones y asociaciones de Dos Hermanas, así como del pueblo en general. Y, el 26 de julio de 1971, se firmó y remitió al arzobispado el expediente de la Coronación, con las adhesiones y peticiones de todo el pueblo, recogidas en tres volúmenes, que fueron enviados a la Santa Sede por el cardenal Bueno Monreal el día 8 de septiembre. Solo dos meses después, el prelado hispalense entregó al hermano mayor el breve pontificio que concedía la Coronación de la Virgen de Valme.

A partir de entonces, la hermandad preparó el magno acontecimiento. Se inició una campaña de recogida de oro para las coronas, cuya ejecución fue encomendada al orfebre sevillano Fernando Marmolejo. Paralelamente, se inició una obra social para perpetuar la efeméride de la Coronación. Esta obra, que en 1972 se veía segura, acabó malográndose por diversas circunstancias.

Los últimos trámites realizados fueron, entre otros, la elección de la fecha del 23 de junio de 1973 para la Coronación y el nombramiento de los padrinos del acto: el almirante Carrero Blanco y su esposa.

Los actos y cultos preparatorios de la Coronación, en mayo y junio de 1973, culminaron con una peregrinación a la ermita de Cuarto, un triduo pontifical y el pregón de la Coronación. Y, por fin, en la tarde del sábado 23, en la plaza del Arenal, fue canónicamente coronada la imagen de Nuestra Señora de Valme, durante una solemnísima ceremonia presidida por el legado pontificio, cardenal Bueno Monreal, y a la que asistieron las primeras autoridades nacionales, provinciales y locales.

Para Dos Hermanas, la Coronación Canónica de la Virgen de Valme fue, sin duda, uno de los acontecimientos más destacados del siglo XX. El evento congregó en torno a la imagen de nuestra Protectora a relevantes personalidades del régimen político entonces vigente en España. La Hermandad de Valme, que en principio invitó al acto a los príncipes don Juan Carlos y doña Sofía, ante la negativa de estos ofreció el padrinazgo de la Coronación al almirante Carrero Blanco –que sería nombrado presidente del Gobierno pocos días antes– y a su esposa, Carmen Pichot.

Tras el acto de recibimiento oficial del almirante Carrero Blanco en el Ayuntamiento, todas las autoridades se trasladaron a la Parroquia de Santa María Magdalena, donde los padrinos de la Coronación recibieron las medallas de oro de la hermandad. A continuación, se organizó el cortejo procesional, efectuando su salida el paso de la Virgen a las ocho menos cuarto de la tarde para llegar poco después a la plaza del Arenal. La ceremonia de la Coronación comenzó con el canto del «Ave María», interpretado por la Escolanía de la Virgen de los Reyes. Tras la lectura del Evangelio, el cardenal Bueno Monreal pronunció una breve alocución en la que señaló:

«Nosotros hemos de ser la corona que, con actos de virtudes de vida cristiana, nuestras alegrías y nuestras penas, ciña de verdad la frente regia de la Virgen. Y esta corona que hoy imponemos a la Virgen de Valme será para nosotros corona de salvación y de gloria, que se traducirá en bendiciones para esta ciudad de Dos Hermanas».

Al término de la homilía, se procedió a la bendición de las coronas, que fueron portadas por los padrinos de la Coronación. Luego, el hermano mayor (Manuel Moreno Pérez), el párroco (José María Ballesteros) y el cardenal Bueno Monreal subieron hasta el paso para proceder a la Coronación. Curiosamente, el prelado impuso la corona primero a la Virgen y luego a la imagen del Niño, apartándose así de lo que contemplaba el ritual litúrgico.

Finalizado el solemne acto de la Coronación, la comitiva retornó hasta la iglesia parroquial, formando tras el paso de la Virgen de Valme las autoridades eclesiásticas, civiles y militares que asistieron a la ceremonia. Así, en primer lugar iba el cardenal Bueno Monreal, revestido de pontifical, junto con el obispo auxiliar de Sevilla, monseñor Montero. Tras ellos figuraban el presidente del Gobierno y su esposa, a los que acompañaban varios miembros de la Hermandad de Valme. Las autoridades militares de la región se situaron detrás, cerrando el cortejo la corporación municipal en pleno.

Una vez despedidas las autoridades, en torno a las once de la noche, la Virgen de Valme coronada inició su triunfal recorrido por las calles de Dos Hermanas, que presentaban un exorno peculiar. Uno de los últimos lugares por los que pasó la Virgen, ya a altas horas de la madrugada, fue la plaza de Menéndez Pelayo, deteniéndose unos instantes ante el monumento erigido en su honor.